martes, 29 de abril de 2014

Promesas de Dios.

Más reales de lo que parecen.


Cuando escuchamos promesas siempre nos queda la duda de la veracidad y fecha para su cumplimiento. Escuchamos promesas muy seguido, cada sexenio o temporada electoral, cada discurso de un líder sindical, en los noviazgos... En fin, las promesas muchas veces son entendidas como un medio para alcanzar un fin, y al llegar al mismo se quedan ahí, suspendidas en el aire.

La falta de palabra, proveniente de las promesas vacías nos llena entonces de dudas, pues al oír una nueva promesa, desde nuestro interior, aunque quisiéramos que fueran reales van formando una barrera que impide que nuestra credulidad fluya con naturalidad y de hecho, nos llegue a costar mucho trabajo el poder creer nuevamente.

Ese es el lado de las promesas humanas, muchas veces dichas a la ligera, incluso por nosotros mismos. Ahora bien, en ¿qué promesas podemos confiar? Naturalmente, en las dichas por personas con palabra, aquellas que demuestran integridad y que por ende cumplen su promesa. Humanamente eso no es posible, podríamos alegar, pues siempre hay imprevistos externos, que van desde un cambio climático globalizado hasta la muerte de la propia persona que realizó la promesa.

En lo sobrenatural ocurre algo muy distinto, pues Dios es una persona cuya palabra siempre ha sido, es y será. Desde esa eternidad no hay un problema de muerte fortuita como en el ejemplo humano, por ser todopoderoso, tampoco hay un límite para ser sujeto a hechos externos como el cambio climático. Veamos:

"Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho El, y no lo hará? ¿Ha hablado, y no lo cumplirá?" 
- Números 23:19

Un momento, eso no es cierto. Yo he esperado por largo tiempo y simplemente eso que dice Dios no es cierto. Vamos por partes entonces, ¿la promesa fue por parte de Dios o fue por parte de una interpretación o deseo de lo que yo quería que sucediera? Hay personas que por ejemplo esperan que Dios les de riqueza, pero no se esfuerzan por trabajar, cuando la palabra de Dios indica que la pobreza viene por contemplar las nubes, es decir, por no hacer nada productivo. ¿Entonces Dios me quiere pobre? No, Dios te ha dado habilidad de generar riqueza, mas no te promete que sucederá automáticamente.

Otras personas se sienten defraudadas porque una enfermedad persiste y ciertamente esperan que Dios les sane, mas si la voluntad de Dios no es esa en ese momento en particular lo mejor es pedir a Dios fortaleza para aceptar su voluntad y conocer lo que debemos hacer.  Dios es íntegro, soberano y fiel a su palabra. Cuando Dios habla,  Él cumple.

 Deseo hacer énfasis en integridad y soberanía, pues muchas veces escuchamos mensajes truncos que manipulan la verdad para adornar un "bonito pero mentiroso" mensaje, y ahí nos encontramos con promesas que quedan vacías pues en realidad no fueron expresadas por Dios, y el problema es que oímos y aceptamos el mensaje como si así hubiera sido. En cuanto a soberanía, Dios no está sujeto a un deseo o voluntad humana, no podemos chantajearlo. Él es fiel a su palabra, para cumplir su propia voluntad.

¿Has esperado una promesa cumplida? Si fue realizada por parte de Dios espera  en Él con fe, para recibir su cumplimiento. Si hay un pacto esperándote por parte de Dios, entonces actúa en fe haciendo tu parte para que ese pacto se cumpla. Cuando la promesa sea recibida no olvides agradecer a Dios por lo que Él ha hecho.

Antes de cerrar este texto me gustaría regalarte una promesa de parte de Dios:

"¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el SEÑOR tu Dios estará contigo dondequiera que vayas." 
- Josué 1:9


Dios te bendiga, con toda bendición para que tú seas de bendición.